Mi primera reacción fue sentarme a escribir un post infame, donde recuento todas tus fallas, tu egocentrismo extremo y tus ganas de ventilar las cosas que te pasan, pero me di cuenta que seria injusto y que no lo mereces (bueno en realidad si, pero mejor no)


Y terminaba indignado con la canción Me voy de Julieta Venegas o La de la mala suerte de Jesse y Joy (maldito placer culposo Jesse y joy…).

Pero verte en el aeropuerto, triste, serio con ganas de explicarte, se me fue la ira que sentía por ti.
Si pues, soy un huevón. Evitamos el tema hasta llegar al hotel donde mi papá decidió alojarme, un hotelito clase media y cómodo en el centro de Lima. 

Sentados frente a frente me ibas explicando todo lo que sentías y gesticulas y hablas, y mi cerebro va viendo que tiene sentido, pero mi corazón me dice que no te haga caso. Que estas mal. Que todo es culpa de una persona ajena a nosotros que debe estar divertida con esto.

Quieres que todo este bien, entre nosotros, yo también.  Sé que con son fechas en que diablos Dammy 24 y 25, nochebuena y mi cumple, o sea, ¿tienes atrofiado el sentido del tacto?
Regresé inmediatamente para conversar, y decirte que no. Que no pues, me niego. Tienes todo el derecho a pensar querer terminar y yo lo tengo de querer cambiar tu forma de pensar.
Te jodes. A mi no me sacas de tu vida tan fácilmente.

Y si me tengo que convertir en tu Mero loco, lo haré.

Y si tengo que escribir mil post diarios para que veas que estoy aquí por ti, lo haré. 
Porque si bien mi mente me dice que algo de razón tienes, ahora mi corazón solo me dice: no dejes que esto termine. Y sabes que cholito, lo haré. No dejaré escapar tan fácilmente a mi príncipe andino. No.